Mensaje de Su Santidad Sri Ganapathy Sachchidananda Swamiji – Darshan – Puliyogare Dhaanam de Sus Propias Manos – Junio 28, 2025

Jaya Guru Datta
Om Sri Ganapathy Sachchidananda Sadgurubhyo Namaha

Aquí hay una breve narrativa en relación al episodio, en una narración relevante, seguida de observaciones por Swamiji. Esta versión mantiene la sensación de un satsang (reunión de devotos) o discurso divino, primero diciendo el episodio de Krishna-Durvasa y después cambiando suavemente a la interacción de Swamij con los devotos:

En una ocasión, durante el exilio de los Pandavas (grupo de 5 hermanos heroicos, hijos de Pandu), el sabio Durvasa – conocido por su temperamento – fue engañado por Duryodhana y su pandilla. Después de atenderlo con un banquete suntuoso,
Duryodhana con intenciones maliciosas, le dijo al feliz sabio: “Ve a visitar a los Pandavas. Ellos son mis queridos hermanos, y ellos también necesitan tus bendiciones. Ellos están en el bosque, y seguramente los atenderán con alimento a ti y a todo tu séquito”. Sabiendo que los Pandavas tenían muy poquito, Duryodhana envió al sabio deliberadamente, esperando que los Pandavas fallaran en proporcionar una bienvenida adecuada, causando así la ira de Durvasa, con la intención de que maldijese a los Pandavas.

Inocentemente, y sin saber de las intenciones malignas de Duryodhana, Durvasa partió con sus discípulos. Cuando llegaron, los Pandavas lo recibieron con su debido respeto y le ofrecieron la tradicional bienvenida de arghya (ofrecimiento de agua), paathya (alimento saludable) y hospitalidad. Ya eran pasadas el medio día, y Durvasa dijo: “estamos todos muy hambrientos.

Vamos a ir ahora al río para nuestra ducha ritual. Para cuando regresemos, por favor ya tengan el almuerzo preparado para nosotros.” Y se fue.

Al escuchar esto, los Pandavas estaban preocupados. Ya se habían terminado su propio alimento para el día. El Akshaya Patra –la vasija milagrosa dada por el Señor Surya que proveía de abundante comida, pero solo una vez al día— ya se había usado. La vasija solo podría mantener alimento hasta que la misma Drupadi ya hubiera comido; después de eso, permanecería vacía hasta el siguiente día.

Al día siguiente, la vasija ya había alimentado a todos – sabios, invitados, y finalmente a la misma Drupadi. Después, la vasija fue lavada y apartada.

Los Pandavas sabían lo que significaba haberle fallado en servirle a un invitado como Durvasa. Se tornaron hacia el Señor Krishna en oración, buscando Su gracia. Y en un santiamén, Krishna apareció.

Le explicaron su predicamento. “Durvana ha venido con sus discípulos. Se está bañando en el río, y pronto regresará para su banquete. Pero el Akshaya Patra se mantiene en silencio, y no tenemos nada que ofrecer.”

Krishna sonrió. “Tráiganme el Akshaya Patra”, dijo.

Drupadi renegó. “Pero ya lo lavé. No queda nada ahí”.

Aun así, Krishna insistió. “Vean otra vez. Cuidadosamente.”

Obedientemente, Drupadi le llevó la vasija y miró dentro de ella. Y ahí, escondido en una esquina, encontró un grano de arroz cocido.

Ella dijo que había encontrado ese único grano de arroz cocido.

Krishna dijo, “ofrézcanmelo como un banquete”.

Ella se lo ofreció a Krishna con oraciones.

Él lo tomó con gran alegría, lo colocó en su boca, y se lo comió como si se tratase de un gran banquete. Después, dándose pequeñas palmaditas sobre su estómago, Krishna declaró: “Ah, estoy lleno. ¡Qué comida tan maravillosa!”

En ese momento exacto, Durvasa y su sequito –que aún seguían el rio—repentinamente sintieron como si ya hubieran comido suntuosamente. Sus estómagos estaban llenos, sus corazones contentos, y empezaron a exudar felicidad. “¿Qué es esta extraña plenitud?”, el sabio se preguntó.

Durvasa siendo un gran visionario, entendió. “Este es el trabajo del Señor Krishna. Es Su juego divino.” Dándose cuenta del engaño de Duryodhana, se dio la vuelta. Sin regresar al lugar donde se estaban quedando los Pandavas, Durvasa se retiró silenciosamente por su camino. Y la crisis fue evitada –no por comida, si no por devoción y gracia.

Swamiji le contó esta historia divina a los devotos reunidos, y mientras lo hacía, cuando Él dijo lo que Krishna había dicho, “¡Ofrécemelo!”, Él se estiró hacia adelante retirando cuidadosamente la tela que cubría una larga vasija colocada delante de él.

El sonrió y dijo, “¡Y aquí está! ¡La vasija está llena de sabroso Puliyogare (arroz amarillo hindú)!” “Así como Drupadi halló solo un grano de arroz y se lo ofreció a Krishna, yo también tengo algo para ustedes hoy.”

Dentro de la vasija estaba el Puliyogare humeante, prasadam sagrado (alimento ofrecido a los dioses) preparado para los devotos. La multitud irrumpió en aplausos, sintiendo de manera mutua la alegría de la historia y la bendición de lo que se mostraba ante ellos.

Entonces, Swamiji continuó: “El día de hoy, devotos de Nizamabad y otros lugares han preparado varios objetos. Hay Puliyogare, también hay arroz cuajado. No solo Puliyogare, ¡arroz cuajado también! Todos ustedes pueden venir y recibirlo.”

Después, haciendo referencia a una solicitud de la audiencia, Swamiji dijo con una risita, “Algunas personas me piden que lo ponga en pequeñas copas de hoja… Pero ¿para qué todo eso? Lo daré con mi propia mano.”

La multitud aplaudió nuevamente con alegría.

Swamiji los miró y les preguntó gentilmente: “Díganme, ¿quieren que se los de en una copa de hoja? ¿O se los debería dar con mi mano?”

Los devotos suplicaron: “¡Solo de Tu mano, Swamiji! ¡Por favor, dánoslo con tu mano!”

Mirando a Prasad, Swamiji sonrió y le dijo: “Lo ves, no lo quieren en vasos. Lo quieren de Mi mano.”

Después, viendo nuevamente a los devotos, Swamiji dijo: “Aquellos que tengan que irse antes, vengan primero. Todos ustedes formen una línea. Vengan y reciban prasadam.” Y así comenzó el ofrecimiento divino –de las propias manos de Swamiji, como una bendición, como ese único grano de arroz que alimentó al mundo.